domingo, 20 de septiembre de 2015

Desaparecido Desahogo

Me dicen desaparecido
Me lo dicen porque hace tiempo que no saben de mí. Me lo dicen porque me dejaron una llamada perdida al celular (pero no era para saber de mí).
Me dicen desaparecido, cuando yo siempre estoy en el mismo lugar, en las mismas condiciones socio-geográficas (aunque no tanto las anímicas), igual de conectado.
Ellos son los que cambian, mudan, transforman, dejan. Yo siempre igual. Nada.
Me lo dicen porque no les escribo. Curiosamente ellos tampoco lo hacen. 
Me dicen desaparecido porque no saben nada de mí; curiosamente yo tampoco sé de ellos. Pero entre ellos se saben. Que se casa, que volcó en la ruta, que viajan, que hacen, que hablan, que ríen. 
Entonces, yo soy el "desaparecido".
A pesar de que sigo siendo el mismo. Sólo que ahora no me ven todo los días en la facultad y muchos menos me necesitan (que al fin y al cabo es el único momento en que se acuerdan que existo).

Cada vez entiendo menos a las personas.

jueves, 6 de agosto de 2015

El día que me volví Anfibio

La Comunidad Anfibia es una, digamos, red social blogeril de crónicas, creada por la Revista Anfibia (UNSAM) en respuesta a la penetración que logró en su tiempo de publicación. Anfibia siempre invitó a los lectores a participar, organiza talleres periodísticos, lleva adelante concursos. Hace unos meses la editorial de la UNSAM publicó el primer libro de Anfibia recopilando las mejores crónicas de la revista.
Pero fue por marzo o abril, más o menos, cuando Anfibia dio el gran paso hacia sus lectores escritores y creó la Comunidad Anfibia. En este espacio no sólo se puede leer, sino que  uno puede participar y vivir la experiencia de publicar.
Algo así fue lo que pasó.
Escribís un artículo. Lo releés. Cerrás el programa. Al día siguiente lo releés y corregís. A la noche te decidís y lo cargás a la plataforma. Por la tarde un mail te espera en tu casilla. Tomás, del equipo de Anfibia, te dice que está muy bueno y "se va a publicas hoy". ¡Sí, dice HOY! Te pedía alguna foto, pero no tenés. Entrás a Facebook y lo ves ahí, en el inicio, tu artículo. Le contestás a Tomás. Entrás a la Comunidad. Te quedás contento. Se lo mandás a dos amigas, Chule y Ro. Pero en tu casa nadie se entera.
Cuando la Comunidad abrió enseguida creé una cuenta y empecé a participar. Por junio mandé un texto que necesita algunas correcciones, pero desde el equipo aceptaron publicarlo, con fotos propias. Pero fue el 5 de agosto cuando oficialmente me convertí en un Anfibio publicado. El domingo pasado anoté en el cuaderno una idea y el lunes la redacté. El martes a la noche cargué el artículo y el miércoles estaba publicado. 
Los invito a leer "Exposiciones Raciales", por mí, para la Comunidad Anfibia, y a participar de la comunidad, por supuesto.

viernes, 17 de julio de 2015

martes, 23 de junio de 2015

De Clapton a La Vela

Abro Spotify. Pienso en darle una oportunidad al descubrir. Voy viendo las recomendaciones. Bajo. Bacilos. A saber el porqué aparecen allí entre recomendados para mí. Busco esa canción de Bacilos que me acuerdo. La escucho. La guardo.
Vuelvo al descubrir. Sigo bajando. Recomendados según artistas escuchados. Aparecen algunos conocidos.
De pronto, en recomendados por escuchar Pink Floyd, aparece Eric. Clapton Unplugged. E inmediatamente me remonto a las tardes de estudio.
Casa de Santiago. Cuartito de arriba. Él, Julieta y yo. Tantas materias. Miles de hojas. Millones de palabras. Centenares de horas entre estudio y risas. Y música. Eric Clapton fue una de las bandas sonoras recurrentes de esas tardes.
Pongo a reproducir el disco.
Lo dejo toda la tarde.
Repite.
Unas horas de Clapton.
Vuelvo al descubrir. Sigo bajando y encuentro otro recuerdo.
La Vela Puerca. Entro al perfil de artista. Busco el disco.
Comienza a reproducirse El Impulso y recuerdo.
Agustín. Mañanas y tardes. Horas de idas y vueltas. En el Ka negro. Con ese disco como música.
Lo dejo sonar.
De pronto, me encuentro extrañando.